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Desconexión laboral

Pablo Fuenzalida
2 minutos

El Mercurio de Calama | 20 de julio, 2022

Con las cuarentenas y el paso acelerado (y obligatorio) al trabajo virtual, muchas personas han experimentado una sensación de rutinización de las actividades.

A mediados de junio, la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado inició el estudio del proyecto de ley que busca modificar el Código del Trabajo para establecer el derecho a la desconexión digital.

Una iniciativa que pone foco en las fronteras existentes entre el ámbito laboral y el ámbito personal, principalmente perdidas durante la pandemia. Sin embargo, toda norma legal tiene un espíritu que la sostiene y si bien este espíritu se centra en el descanso y el cuidado de los espacios personales y laborales, poco o nada se habla de la importancia de esta desconexión virtual como un medio que dé paso a la conexión interna del ser humano, clave para su bienestar integral.

En tiempos de alta incertidumbre como los que estamos viviendo hoy en día, generados, más allá del contexto social y político, por la aceleración de los descubrimientos y desarrollos de la tecnología, la inteligencia artificial y la biología, entre otras disciplinas, que nos desafiara a adaptarnos diariamente, los espacios de conexión interna personal se vuelven una necesidad, más que un deseo.

¿Cómo podemos lograr calma y bienestar en este escenario? Volviendo nuestra mirada hacia adentro.

En el ámbito personal, esto se traduce en la conexión con mi propósito y visión personal de futuro. Los grandes avances en la neurociencia nos han permitido descubrir que nuestro cerebro vive siempre en el presente, es decir, no distingue entre pasado, presente y futuro. Tampoco distingue entre la realidad material y la construcción interna de nuestros pensamientos. Estas dos características son claves para comprender que, simplemente centrado en un propósito que genuinamente me comprometa y me motive, automáticamente estaré generando internamente la sensación de entusiasmo, alegría y una serie de emociones expansivas, sustentadas en neurotransmisores que se generan en nuestro sistema nervioso.

Esto mismo es posible lograrlo en una organización si tenemos claro el propósito que nos mueve: el porqué hacemos lo que hacemos, cómo impactamos la sociedad y nuestro entorilo o qué contribución significativa hacemos.

Con el inicio de las cuarentenas en 2020 y el paso acelerado (y obligatorio) al trabajo virtual, muchas personas han experimentado una sensación de rutinización de las actividades. Este es un síntoma claro de la pérdida de conexión con el propósito personal; con el sentido profundo de por qué hacemos lo que hacemos.

Por ello, esta ley es un valioso aporte para brindarnos espacios diferenciados que nos permitan «desconectamos» para volver a conectarnos. ¡Pero ojo! para que eso ocurra necesitamos comprender el espíritu profundo de la ley. No nos olvidemos de que la ley es solo un aspecto técnico que nos garantiza un espacio diferenciado, pero nada nos dice de qué haremos con este espacio de desconexión digital que se nos brindará. La responsabilidad de aprovechar esta ley es nuestra.