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Liderazgo femenino

Pablo Fuenzalida
2 minutos

El Mercurio de Antofagasta | 21 de abril, 2022

«Durante mucho tiempo nos hemos centrado en producir, olvidándonos del medio ambiente, de las comunidades, etc.»

Hasta ahora, en Antofagasta, tenemos 12 mujeres y cuatro hombres en las secretarías regionales ministeriales, lo que es una noticia extraordinaria. El nuevo gobierno está poniendo énfasis en la equidad e inclusión, pero, más allá de estos números, me pregunto si sabemos realmente cómo trabajar desde el liderazgo femenino.

Durante años la lógica empresarial y de los gobiernos ha estado centrada en una mirada masculina, caracterizada por el enfoque en los resultados y en el propósito. Es decir, centrada en el «qué», más que en el «cómo». Sin embargo, la forma en que alcanzamos nuestros logros puede hacer una diferencia importante, y es ahí donde entra el liderazgo femenino, ya que, éste se distingue por enfocarse en alcanzar los resultados integrando esta visión.

De acuerdo con los últimos estudios en management, la integración entre relaciones interpersonales y foco en las tareas es lo que permite lograr resultados sostenibles en el tiempo. Sin embargo, aunque los estudios nos muestran esto, las organizaciones siguen al debe en este aspecto, así como también en el desarrollo de la gestión emocional, pilar fundamental para el ejercicio del liderazgo, lo cual fue demostrado por el psicólogo Daniel Goleman hace más de 25 años, y que corresponde a una habilidad que el liderazgo femenino tiene más desarrollada.

También Stephen Covey, educador y escritor considerado una autoridad internacionalmente respetada en materia de liderazgo, hace varios años atrás, nos habló de los siete hábitos de la gente altamente efectiva y distinguió la producción de la capacidad de producción. Aunque pareciera un juego de palabras, no lo es. Hay una diferencia fundamental. Muchas veces alcanzamos un resultado (producción), pero al lograrlo nos consumimos la capacidad para continuar alcanzándolo en el tiempo (capacidad productiva). En una simplificación, diríamos que la producción es el liderazgo desde lo masculino y la capacidad productiva lo es desde lo femenino. La integración de ambos nos hace sostenibles en el tiempo. Necesitamos incorporar la colaboración, los vínculos, la reflexión conjunta, la co-construcción que, entre muchos otros aspectos, nos aporta el liderazgo femenino.

Durante mucho tiempo nos hemos centrado en producir, olvidándonos del medio ambiente, de las comunidades, etc. Hoy comprendemos que cualquier nuevo emprendimiento es necesario que ponga al centro a la persona, en todos sus dominios, como colaboradores, accionistas, comunidades, consumidores, etc. Para mí las preguntas no son para las mujeres, lo son para nosotros los hombres: ¿comprendemos de qué se trata el liderazgo desde lo femenino? ¿Qué cambios tenemos que hacer para integrar lo femenino en nuestro quehacer diario? ¿Estamos preparados?