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Armonía

Pablo Fuenzalida
2 minutos

El Mercurio de Antofagasta | 25 de mayo, 2022

«Las experiencias que vivimos, y que nos generan algún tipo de trauma, llevan a nuestro cuerpo a perder su armonía».

Llegamos a la etapa clave de armonización de la Constitución. Esta palabra que comenzamos a escuchar reiteradamente en los últimos días apunta a un proceso que constantemente estamos realizando en nuestro quehacer diario. Lo vemos en equipos de trabajo, en nuestra familia, en organismos gubernamentales y en todos los ámbitos de la sociedad. Nuestro cuerpo, muy sabio, está todo el tiempo buscando estar en equilibrio con las necesidades y acontecimientos que nos rodean. Tanto así que el impacto que muchos han experimentado en la salud mental durante el último tiempo es el resultado de un agotamiento corporal y mental, por buscar el equilibrio en un contexto de altos niveles de incertidumbre.

Dado esto me pregunto, ¿es posible lograr la armonía en estos tiempos?, ¿es posible que la propuesta de nueva Constitución logre tal armonía? Volviendo a cómo nos comportamos los seres humanos, y particularmente cómo funciona nuestro cuerpo, lo cierto es que las experiencias que vivimos, y que nos generan algún tipo de trauma, llevan a nuestro cuerpo a perder su armonía, lo que genera que este funcione desarticuladamente. En otras palabras, algunos órganos trabajan más que otros para lograr cierta armonía de forma individual, sin embargo, no logran una sinergia apropiada en general.

Otro de los síntomas de la pérdida de armonía es el comenzar a sentir con mayor frecuencia emociones más restrictivas, como el miedo, la frustración, el resentimiento, la rabia, la ansiedad, entre otras. Todas estas emociones biológicamente nos disponen al ataque o la huida y limitan nuestra capacidad de escuchar, de conversar y de confiar. Por lo que estos dos síntomas, individualismo y emociones restrictivas, son el resultado de la pérdida de armonía.

Nuestro país perdió su armonía. No me cabe duda de que todos la queremos recuperar. Sin embargo, esto es imposible si no nos hacernos cargo del estado emocional y del individualismo. Lo principal para comenzar a reencontrarnos es cambiar el actual estado emocional restrictivo hacia emociones expansivas, y la acción que permite este cambio es escuchar genuinamente al otro, con el afán real de comprenderlo. La clave para salir del individualismo es colaborar.

Y en esto las empresas tienen mucho que aportar, puesto que en el contexto organizacional entrenamos nuestra forma de trabajar con otros, y es ahí donde podemos comenzar a hacer la diferencia. Si estamos realmente comprometidos con lograr una armonía que trascienda, necesitamos impulsar una nueva forma de hacer empresa, donde la persona esté al centro y trabajemos en armonía entre todos.