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Aumento de la participación femenina en minería

Marcela San Vicente
2 minutos

El Mercurio de Calama | 11 de marzo, 2022

«Se han generado grandes avances y se está trazando un camino para lograr la anhelada equidad de género».

Esta semana nos enteramos de la gran noticia de que la cantidad de mujeres trabajando en la minería aumentó un 15,4% entre 2018 y 2021 hasta llegar a 26,8%, de acuerdo con el último «Monitoreo de Indicadores de Género» elaborado por el Consejo de Competencias Mineras (CCM) y el Programa Eleva.

Este indicador, como muchos otros, muestra el considerable incremento que ha impulsado este sector productivo en todos los estamentos que lo componen. Sin duda es un avance importante, que por cierto responde al desarrollo de políticas e iniciativas de equidad de género. Pero el día que no exista un programa especial de inclusión, cuando el incremento de mujeres en el área no sea noticia porque ya no hay una brecha que acortar, ahí recién podremos decir que obedece a un cambio de mindset que no requiere andamiaje para sostenerse.

Para lograrlo es necesario un proceso profundo de transformación dentro de las empresas, que más allá de una cuota de género, tenga como propósito imprimir cambios en la cultura organizacional. Es aquí donde se juega el futuro, porque aquellos elementos que marcan la identidad de una organización cambian nuestra forma de relacionarnos y nuestras conductas, más allá de una nueva norma o protocolo. Requieren de un trabajo multidimensional que pueda movilizar a todos los colaboradores en torno al objetivo de entender e internalizar el valor y aporte de la mujer en la minería.

Esta transformación incorpora distintas aristas por las que se debe avanzar de forma paralela: los programas de inclusión femenina para aumentar la cantidad de mujeres en la organización, iniciativas de concientización del aporte de la mujer en el rubro y la mejora de condiciones laborales que potencien su inclusión.

Sobre este último punto me quiero detener. Esta mejora no se debe orientar solo a las mujeres, sino también a los hombres, ya que históricamente las mujeres han tenido que dedicar mayor tiempo a labores domésticas y familiares y, por ende, muchas empresas han entregado ciertas facilidades. Estas condiciones que propician mayor flexibilidad para la parentalidad, y para realizar trabajos domésticos, también tienen que ser otorgadas a los hombres para así impulsar la corresponsabilidad y una verdadera equidad de género.

En esto, las empresas juegan un rol fundamental porque pueden generar cambios internos que impacten a la sociedad y sean replicados en todas sus esferas. A ciencia cierta sabemos que hoy la industria minera no escatima esfuerzos para incorporar a la mujer en la organización. Se han generado grandes avances y se está trazando un camino para lograr la anhelada equidad de género, que espero sea el resultado de una transformación cultural más allá de las cuotas.

¡Vamos por más!